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jueves, 23 de noviembre de 2017
Aguinaldo 2017 Reflexión para el mes de julio
26/07/2017 - 244 Visitas


"La amabilidad crea nuevas relaciones, cultiva vínculos, crea nuevas redes de integración, construye un tejido social sólido"

 En nuestro mundo, en nuestras familias, y con cuantos nos rodean, necesitamos vivir la amabilidad; pero sobre todo en nuestro trato con los jóvenes, tenemos necesidad de pedirla como un don que proviene de Dios, de acrecentarla como una virtud, poniéndola en práctica por medio de gestos que favorezcan la comunicación, la interrelación y hagan patente el amor de Dios. Todo inicia por una palabra cordial, un detalle fino, un gesto cortés, una palabra amable.

Ya San Pablo en su carta a Timoteo consideraba importante y recomendaba a todos los cristianos la amabilidad con todos. Amable es aquella persona que, por su actitud afable, bondadosa, complaciente y afectuosa, es digna de ser amada.
Don Bosco como “pedagogo” de los jóvenes, sabía por experiencia, que no basta amar. La “caridad pedagógica” exige algo más; “Hacerse querer; es decir: saber traducir el amor en actitudes de bondad, amabilidad, en metodología de amistad, en familiaridad de diálogo y en alegría de convivencia”.
Se trata, pues, de “hacerse querer” que es fruto de una espiritualidad y de una metodología apostólica particularmente originales.
Este será el deseo de Don Bosco a sus Salesianos “Estudia la forma de hacerte querer” delante de los jóvenes.
La amabilidad produce paz y es contagiosa, tiene el poder de “desarmar corazones”; en otras palabras, la cortesía tiene la capacidad de liberar al otro de las emociones negativas, pues ante un gesto gentil, el otro baja las manos, se tranquiliza. Crea y fortalece vínculos. 
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